
Venezuela
La Iglesia de Jesucristo lleva esperanza y apoyo emocional tras el doble terremoto que afectó Venezuela© 2026 by Intellectual Reserve, Inc. All rights reserved.La tarde del 24 de junio de 2026, la tranquilidad de varias comunidades en Venezuela fue interrumpida por un doble terremoto que sacudió el centro-norte del país. En cuestión de segundos, cientos de familias abandonaron sus hogares buscando un lugar seguro mientras el movimiento de la tierra daba paso a la incertidumbre.
El temor se apoderó de las calles y, con el paso de las horas, las constantes réplicas mantuvieron en alerta a una población que intentaba comprender la magnitud de lo ocurrido.
Con el pasar de las horas, la magnitud del desastre comenzó a hacerse evidente. Viviendas afectadas, familias desplazadas y comunidades organizándose para responder a la emergencia reflejaban el impacto del sismo. Mientras las labores de asistencia avanzaban, también surgía una necesidad que no siempre es visible durante una crisis: brindar apoyo a quienes enfrentaban el miedo, la ansiedad y la incertidumbre provocados por la experiencia vivida.
Ante esta realidad, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días respondió con una visión integral de servicio, poniendo en marcha un programa de apoyo emocional para acompañar a las personas durante los momentos más difíciles de la emergencia.
Con el propósito de atender esas necesidades, la Iglesia organizó un equipo cuidadosamente seleccionado, conformado por nueve profesionales de la salud mental, quienes ofrecieron atención tanto presencial como virtual. La iniciativa buscó proporcionar primeros auxilios psicológicos, orientación emocional y herramientas prácticas que ayudaran a las personas a afrontar la crisis con mayor fortaleza y esperanza.
Las jornadas se desarrollaron en las capillas de las estacas Urdaneta y Caracas, donde miembros de la Iglesia y personas de la comunidad encontraron un espacio seguro para ser escuchados, recibir orientación profesional y comenzar un proceso de recuperación emocional.
Más que una respuesta inmediata a la emergencia, esta iniciativa reflejó el compromiso permanente de la Iglesia de Jesucristo de ministrar a las personas de manera oportuna, atendiendo tanto sus necesidades físicas como espirituales y emocionales.
Durante cada jornada, los profesionales brindaron recomendaciones para fortalecer el bienestar emocional de las familias. Resaltaron la importancia de mantener hábitos básicos como la alimentación, el descanso, la hidratación y la higiene personal, además de fortalecer las redes de apoyo familiar y comunitario y distribuir las responsabilidades entre los voluntarios para prevenir el agotamiento.
Para muchos de los participantes, escuchar con empatía, fue una forma de servir. Cada conversación permitió ofrecer consuelo, orientar a quienes enfrentaban la incertidumbre y recordarles que no estaban solos en medio de la adversidad.
En una conversación significativa sostenida con Mirtha Gómez, psicóloga especializada de Servicios para la Familia de la Iglesia, expresó que esta experiencia le permitió comprender de manera más profunda las necesidades de las personas afectadas y reafirmó su compromiso de servir como lo haría Jesucristo: con amor y compasión para aliviar las cargas de quienes más lo necesitaban.
Gracias a esta iniciativa, más de 180 personas recibieron acompañamiento psicológico oportuno a través del servicio de nueve profesionales de la salud mental. Cada atención representó una oportunidad para brindar esperanza y recordar que la recuperación también comienza cuando alguien se siente escuchado y acompañado.
De forma paralela, la Iglesia mantuvo comunicación permanente con los cuatro presidentes de misión en Venezuela para dar seguimiento a la situación de los misioneros que prestaban servicio en el país, confirmando que sus necesidades inmediatas habían sido cubiertas y que ninguno había resultado herido.
Las consecuencias emocionales de un desastre pueden permanecer aún después de que desaparecen los titulares y concluyen las labores de emergencia. Por ello, fortalecer la salud mental no constituye una etapa secundaria de la recuperación, sino un elemento esencial para que las personas, las familias y las comunidades puedan reconstruir sus vidas con esperanza y resiliencia.
Con esta iniciativa, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días reafirma que el servicio cristiano va más allá de la ayuda material. Al brindar apoyo emocional en uno de los momentos más difíciles para cientos de personas en Venezuela, nos recuerda que seguir el ejemplo de Jesucristo también significa escuchar, acompañar, consolar y ayudar a sanar las heridas que no siempre son visibles.